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ATPADES Y NICARAGUA MARKET apoyan a artesanos nicaragüenses


Fundacion ATPADES y NICARAGUAMARKET se han unido para promover productos artesanales elaborados por artesanos y artesanas Nicaragüenses de Masaya y Leon y de esta forma puedan extender las fronteras de sus mercados. Esto les permitira mejorar sus condiciones de vida y por ende dar a conocer la calidad de los productos nicaragüenses en diferentes partes del mundo.

La mayoria de los productos son elaborados a mano y son de gran calidad, cada producto tienen la certificacion de nicaraguamarket la cual ofrece una garantia sobre el producto, lo que genera un valor agregado al mismo.

Es muy importante resaltar que son pocas las organizaciones y empresas que promueven este tipo de sector artesanal y en ATPADES estamos muy contentos de contribuir con esta causa.

Si quieres adquirir uno de los productos ofrecidos por Nicaragua Market, puedes visitar su pagina web: http://www.nicaraguamarket.com/

Tambien los pueden visitar en Facebook y seguirlos a traves de: https://www.facebook.com/NicaraguaMarket

O seguirlos en Facebook: @nicaraguamarket



Educación en Nicaragua: Un reto interminable


Foto: Yader Luna / archivo

De los 2 283 bachilleres que se presentaron a realizar el examen de matemáticas para ingresar a la carrera de ingeniería en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) este año, 132 lo aprobaron, eso quiere decir que un 6% pudo ingresar. Por otro lado, aquellos con pretensiones de estudiar arquitectura (290 en total), 62 respondieron adecuadamente la prueba de «aptitud», es decir, un 21% están hoy en los pasillos con sus porta planos, me decía en una entrevista vía correo electrónico, Diego Muñoz, Secretario General de esa alma mater.

Desde entonces el Ministerio de Educación (Mined) se propuso informar continuamente sobre los planes para dar inicio a un cambio en esa realidad. Recientemente se anunció la cantidad de aulas a reparar (7 065) en el transcurso del 2011. Las mejoras en infraestructura son uno de los puntos débiles acarreados por varios años en nuestro sistema educativo.

La construcción de más bibliotecas no entra en los planes institucionales. Si no se construyen sitios para albergar bibliografía, es difícil garantizar los instrumentos necesarios a los alumnos para afrontar pruebas como las de la UNI, comentaba Muñoz.

La educación gratuita es aplaudida por muchos sectores representativos de los nicaragüenses menos favorecidos económicamente. Muchos encontraron motivos en la gratuidad para regresar a las aulas y terminar sin preocupaciones sus estudios básicos. Aquellos dedicados a seguir de cerca el tema de la educación, como el periodista Andrés Oppenhaimer, quien visitó Nicaragua recientemente, la considera un primer paso. Para evitar más fracasos en los exámenes de admisión —usados como un barómetro del asunto— es necesario dirigir los esfuerzos hacia mejorar en calidad.

¿Dónde está el problema?
Blanca Rosa Galarza, Vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), desmenuza la situación. Sin pretensión de buscar culpables enumera debilidades en distintas facetas. La educación como sistema está —para la académica— desarticulada. La primaria y la secundaria realizan sus labores en un sitio y las universidades en otro. Cuando se presenta la ocasión, como los exámenes de admisión, para abordar muchos puntos, entonces se discute más y se trabaja menos por encontrar soluciones, una actividad que le otorga más sentido a una posible articulación, explica.

De ahí empieza la unión de partes, no sólo de la educación a nivel de ministerio, para mejorar puntos como la formación docente. Galarza representa la realidad del país al señalar la agenda de los maestros en la primaria, donde una persona se dedica a impartir —con lo poco aprendido— varias materias.

Luego un profesor en la secundaria, sin ningún tipo de especialización —y muchos empíricos— se aventuran a imitar al primero, debido a la falta de opciones.

Eso termina en profundas dudas entre los alumnos respecto a temas presentados en la universidad e implica sacrificar tiempo del catedrático, quien ahora debe profundizar en materias presuntamente cubiertas. En nuestro país el cumplimiento de los programas curriculares se ha visto condicionado por efemérides o fenómenos naturales, los cuales han provocado pausas en el calendario escolar.

Las materias de matemática y español son las más afectadas por los atrasos. Galarza recuerda reuniones realizadas en conjunto con el Consejo Nacional de Universidades (CNU), para garantizar a los maestros de los últimos años de secundaria cursos de actualización en dichas áreas, pero el cambio de titular en el Mined —salida de Miguel de Castilla— derribó el proyecto.

Casi llegan al segundo paso, el cual significaba tocar la puerta a la empresa privada, para conseguir el apoyo económico. Hoy las recuerda como intensiones engavetadas.

Luego tomó una anécdota sobre un proyecto de donación impulsado por la Upoli, el cual terminó en una decepción. La biblioteca en el campus tiene una cantidad de libros sobre literatura, donados por España, los cuales serían repartidos en varios centros en Nicaragua.

La sorpresa —relata Galarza— fue oír las respuestas de los directores cuando decían: «no te podemos aceptar los libros porque no tenemos espacio, no tenemos estantes».

Refleja así la problemática de la infraestructura en los centros, sobre todo en el área rural, donde la existencia de un salón para bibliotecas separa tus mandíbulas y merita horas de aplausos, porque generalmente existen por gestión propia de la escuela o colegio.

Sin embargo, la donación de libros escritos en inglés,  hecha por la compañía Kelloggs, se fue rápido, comenta. A la Costa Atlántica la Upoli  envió un embarque con todas las obras de diversas temáticas y ellos se encargaron de distribuirlos en distintos centros a través de la BICU en Bluefields.

«En los avances de la educación desafortunadamente se camina como Santo Domingo, se da un paso y retrocedemos diez», dice en tono triste.

Y mientras los expertos me reflejan la educación en Nicaragua con malas noticias, me propuse conocer alternativas entre los actores en el campo. Se me informó de la existencia  tanto de maestros como alumnos, a quienes es difícil verlos frente a frente y decirle que no se puede ser mejor en este sistema. En sus experiencias y hábitos encontré las claves.

Foto: Yader Luna / archivo

Los maestros
«La verdad es que no tenemos de otra». Así definió Hilda Sequeira su situación. Ella percibió la necesidad de recibir un curso de actualización luego de terminar su licenciatura. A la falta de oportunidades la docente del Colegio San José (Jinotepe), ideó conseguir en la banca privada un préstamo para hacer real su deseo y terminó por transformarlo en una maestría en literatura latinoamericana.

La inestable situación económica, la prioridad demandada por los miembros de su familia y las escasas invitaciones por parte del Ministerio de Educación (Mined), para actualizar su formación, no avisaron un fin.

«Como nunca se deja de aprender», expresó airosa, formarse durante el oficio de  docente tiene para ella un significado más allá de lo personal, pues realización individual no es lo único percibido.

En un trabajo que se realiza con pasión y no darse cuenta a veces, de la motivación generada en un alumno es desconcertante, señala.

«Cuando estás en el salón de clases, supera cualquier remuneración económica, la cual reconoce no es la justa, pero de vez en cuando escuchás un ‘¡Gracias!’», menciona.

Me pidió representar la voz de todos los educadores, en un oficio donde las gratificaciones faltan, pero se debe persistir: «Todo profesor sabe que si fuese por un salario no estaríamos, ni por esperar una recompensa, ni que el joven valore tu trabajo, ni eso se espera, porque los resultados son a largo plazo».

En nuestro país con la gran cantidad de escuelas sin bibliotecas y la infraestructura dañada, aventurarse a conseguir un curso intensivo —cada semestre recomienda— de comunicación, redacción, desarrollo de habilidades, para mejorar la metodología, es considerado «un reto» por Sequeira.

En este punto el docente debe inyectar ánimos a su ingente trabajo y cultivar en el alumno motivos para buscar ese libro de literatura en otros sitios, leer para la presentación del día siguiente. «Yo creo que el profesor debe de ingeniárselas, creo que esa es la realidad más bien. El uso de las nuevas tecnologías debe verse como oportunidad para generar el interés de participar activamente en los temas diarios en el aula, pero la falta de los recursos en los muchos centros —de secundaria— es la limitante en estos días y así convertir la intención en hechos», comenta la docente jinotepina.

La compañía en dicha labor es bienvenida. Aplaude el aporte de aquel padre de familia preocupado en garantizar el texto y ansioso de saber cuándo será la próxima exposición. La gestión persistente por parte de los Directores de Centros y la colaboración de los papás y mamás, para adquirir esa biblioteca necesaria en el día a día de todos los estudiantes, debe asumirse como primer paso para mejorar la educación del colegio o instituto, propone la docente.

 
¿Y cuando no se puede con un préstamo…?
«La educación es un proceso, que va en función de los adelantos tecnológicos, entonces es obligatorio que el docente esté en constante actualización», me comentaba con sus ojos achinados y lentas palabras el  profesor Danilo Ruiz, cuando le pregunté sobre la situación de los docentes en el país. «En mi caso lo hago mayormente de manera autodidacta», indica. Ruiz fue considerado el mejor de los maestros de Nicaragua en el 2008.

En esa búsqueda de diversas herramientas para dicha práctica, descubrió en las bibliotecas virtuales una de sus mejores fuentes. La situación salarial y económica no truncaron el deseo de querer algo más y seguir su formación. Aboga por más oportunidades.

Sin embargo atribuye sus convicciones a la concepción de su oficio como un aporte a la sociedad y responsabiliza a «la vocación de maestro», por esa incansable pesquisa de opciones para lograr su objetivo, el cual simplifica con el hecho de formar al alumno y no solo con enseñarle una materia y así «...como quien dice ponerse en sus zapatos».

Aborda de inmediato el asunto de los programas curriculares, pues considera primordial para todo docente percibir el cumplimiento de objetivos en los alumnos, no a corto plazo, sino en el mediano y largo plazo.

Propone enfocar energías en la cobertura de dichos planes provoca esos espacios —al usados en el calendario escolar—  donde siempre están presentes las necesidades del aprendiz, un aspecto en la relación maestro-alumno meritorio de atención.

«Lo más importante es que lo aprendido por el estudiante, le sirva, que sean conocimientos pertinentes», así opinó sobre la acción cumplir al pie de la letra los programas del Mined.

La acumulación deliberada de temas en la cabeza del alumno le provoca olvidar en cuestión de horas lo recibido, explica.

Para el maestro es satisfactorio percibir cambios en la actitud de sus estudiantes luego de transmitido el «conocimiento significativo», respecto a ser más responsables. Lograrlo significa de inicio luchar contra distintos distractores, los cuales siempre buscan conquistar la atención del joven y desviarlo de su actividad estudiantil.

Los incentivos en el núcleo familiar, como primer agente socializador, dirigidos a motivar hábitos responsables en el estudiante, deben ser constantes.

Un aporte es garantizar los recursos tecnológicos para combinarlos con las distintas asignaciones en el transcurso de la vida escolar. Reconocer ese gusto por usar internet por parte de los jóvenes hoy, puede convertirse en el motivo para sembrar actividades de investigación en los próximos bachilleres y eso es competencia del profesor, puntualiza.

 
Foto: Cristhian Ruiz

El estudiante:
Desde Sébaco —en el norte del país— llegó a Managua Saúl Castro, joven de figura ligera y andar pausado, cristiano, jovial, pero sobre todo enterado de su actual situación en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), donde entró con un puntaje del 100%, luego de participar en la más reciente edición de los exámenes de admisión en dicho campus, pruebas —dicho sea de paso— conocidas por requerir de una fundamentación en matemáticas profunda.

En secundaria su actuar habla por sí mismo. Fue el mejor bachiller de 2010. Mientras lo entrevistaba esperé me dijera: fue fácil para mí llegar aquí. Me desilusionó. En esa etapa (la secundaria), de confusión y búsqueda de sí mismo, el estudiante de arquitectura no acepta pretextos y de inmediato me dice la clave para lograr tal hazaña: ser autodidacta.

Aunque literalmente es imposible cumplir su recomendación la dijo: «pegártele al maestro». Reconocé las actitudes de maestros al llegar a los salones con la mentalidad de si no me preguntan no hablo. «El interés debe ser la carta de presentación frente ellos. Te aseguro que ese profesor te ayudará cuando lo necesités», explicaba.

«Para eso están y estamos, los estudiantes para preguntar y los maestros para responder», insiste.

El autoestudio —así lo llamó— debe conquistar el tiempo, en gran medida, del estudiante. La combinación estudio-diversión no deben verse como antagónicas, la disciplina es la encargada de unirlas para... «convertir la educación en una realidad para cada uno de nosotros».

«Ser constante en los estudios no es suficiente. Eso sí para encontrar motivación es necesario la entrada de los padres en ese mundo», dice mientras eleva la mano derecha al aire.  

Por experiencia resalta la oportuna intervención de quienes creen en la educación como el mejor medio de realizarlo como persona de bien, sobre todo cuando en el ritmo de las clases aparece la urgencia de conseguir materiales para realizar una tarea, traba económica no exclusiva de su realidad, pero acepta la responsabilidad de rendir en las materias —a manera de retribución— para conservar esa imagen de él sembrada en la cabeza de sus padres y resumida así por: «...debo gastar en este muchacho».

Seguir muy de cerca la educación de sus hijos es deber y responsabilidad de cada padre nicaragüense, esto no significa que estos últimos (los alumnos) necesiten compañía en toda la vida escolar. Castro indica que a cierta edad el alumno debe buscar sus propios medios para resaltar y esperar los beneficios de esa práctica de «autoestudio».

Por otro lado, convertirse en autodidacta no sucedió como un repentino desplome de beneficios providenciales, se trató más bien —explica— reconocer cuáles intereses tenés y si son convenientes.

La distracción —actividades extraclases— coquetean durante toda la vida estudiantil con el tiempo, pero el joven norteño asume como falta de interés caer en esa trampa.

Así ejemplifica: «Yo puedo tener novia y ser un buen estudiante, no hay problema en eso, al tener las dos y concebir una de ella más importante que la otra, ahí tenemos un problema». En este punto no deja fuera el deporte cuando este se privilegia como prioridad, a sabiendas de no tener luego beneficios personales.

El desvelo y las ganas de convertirse en un buen arquitecto lo han llevado a tener una relación estable con los libros de matemática y en base a estas representó su actual situación: «La mejor ecuación para mi es: Dios + familia + esfuerzo personal = éxito en la vida».

Y para vos, ¿cuál es tu fórmula?

Fuente: La Brujula